Tatuajes para mamás: lo que me piden y lo que más me emociona hacer
Hay una categoría de consultas que recibo con mucha frecuencia y que siempre me llega de una manera especial. No lo describiría como «tatuajes de mamás» porque suena a algo concreto y limitado, y la realidad es mucho más variada y más bonita que eso. Son tatuajes de personas que llevan a alguien muy dentro y quieren llevarlo también fuera, en la piel, de una forma que dure.
Algunas son madres recientes. Otras llevan años queriendo hacerse algo y esperaban el momento. Otras perdieron a un hijo y quieren que eso tenga un lugar visible en su cuerpo. No todas las historias son iguales, pero todas tienen esa misma intensidad tranquila que hace que trabajar en ellas sea algo diferente.
Lo que más me piden
Los nombres son lo primero. A veces solos, con una tipografía cuidada que tiene que sentirse a la vez personal y bonita. A veces acompañados de una fecha, de unas coordenadas, de algo que ancle ese nombre a un momento concreto en el tiempo y en el espacio. Me gusta mucho cuando alguien llega con la fecha de nacimiento y me dice «quiero que parezca que siempre estuvo ahí», porque eso me da mucha libertad para proponer algo que encaje de verdad con su piel y con su estilo.
Las huellas de manos o pies son otro motivo muy habitual. Pequeñas, delicadas, casi siempre en lugares íntimos: la clavícula, la muñeca, la zona del corazón. Lo que me gusta de este motivo es que es completamente único: no hay dos iguales, y eso hace que el tatuaje sea irrepetible por definición.
También me piden dibujos hechos por los hijos. Garabatos que a primera vista no significan nada para nadie excepto para quien los recibe. Una casa con tres ventanas, un sol con cara, un perro que parece cualquier cosa menos un perro. Y sin embargo, son algunos de los tatuajes más bonitos que he hecho, porque llevan dentro una autenticidad que ningún diseño elaborado puede igualar.
Y luego están las frases. Palabras que alguien dijo una vez, o que nadie dijo y deberían haberse dicho, o que resumen en cuatro palabras algo que no cabe en ningún otro sitio.
Lo que más me emociona hacer
Podría decir que lo más emocionante es el momento de terminarlo y ver la reacción. Y sí, ese momento es especial. Pero honestamente, lo que más me mueve es la conversación previa. Cuando alguien me cuenta la historia detrás de lo que quiere y entiendo que ese tatuaje no es decorativo: es necesario. Que esa persona lo necesita tener ahí para seguir adelante, o para recordar, o para cerrar algo, o para celebrar algo que no sabe cómo celebrar de otra manera.
Esa responsabilidad me parece enorme y me la tomo muy en serio. Porque un tatuaje hecho sin entender el porqué puede ser técnicamente correcto y emocionalmente vacío. Y eso no es lo que quiero dejarle a nadie.
Algunas cosas prácticas que vale la pena saber
Si acabas de ser madre y estás pensando en tatuarte, lo más sensato es esperar a que tu cuerpo haya recuperado su equilibrio. La piel cambia mucho durante el embarazo y el posparto, especialmente en ciertas zonas, y tatuarse antes de que esos cambios se estabilicen puede afectar al resultado. No es una regla fija, pero sí una recomendación honesta.
Si estás dando el pecho, la mayoría de los profesionales recomiendan esperar a terminar la lactancia. No porque el proceso de tatuarse sea peligroso en sí, sino por precaución ante cualquier proceso que implique una respuesta del sistema inmune mientras el bebé depende de tu cuerpo.
Y si quieres incluir un dibujo de tu hijo, tráeme el original o una foto buena del original. Cuanto mejor sea la referencia, más fiel puedo ser a esa cosa irrepetible que tiene el trazo de un niño.
Si tienes algo en mente
No hace falta que llegues con todo decidido. A veces basta con saber que quieres algo que tenga que ver con tu hijo o con tu historia como madre, y desde ahí construimos juntas. Escríbeme y cuéntame lo que sea, aunque sea solo una sensación.
Estoy en Atarfe, Granada, y hago consultas previas sin compromiso para que el proceso sea tranquilo desde el principio.

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