Tatuajes femeninos: por qué no me gusta esa etiqueta y cómo entiendo el género en el estudio
Es una de las preguntas más frecuentes que me llegan por Instagram o WhatsApp, y siempre me deja un poco en tensión: «¿haces tatuajes femeninos?». La pregunta viene de buen lugar, lo sé. Quien la hace suele estar buscando algo concreto: líneas finas, flores, letra pequeña, algo delicado. Pero la forma en que lo pregunta me hace sentir que estoy a punto de entrar en una categoría que no me representa, y que además deja fuera a mucha gente que podría estar buscando exactamente lo mismo.
No es que sea un término malo, es que es un término corto
No creo que «tatuaje femenino» sea una etiqueta ofensiva ni que quien la use tenga mala intención. Es un término que ha surgido de forma natural en el lenguaje de Instagram, de los directorios de estudio y de la forma en que mucha gente busca referencias. El problema es que reduce una estética compleja a una idea muy simple: que cierto tipo de tatuaje es para mujeres y, por eliminación, que cierto tipo de tatuaje no lo es.
Lo que suele entenderse por «tatuaje femenino» es, grosso modo, trabajo en fine line, detalles pequeños, motivos florales o botánicos, composiciones ligeras y una paleta que puede incluir color pero que muchas veces se queda en negro y gris con mucha sutileza. Es un estilo visual que yo domino y que me encanta hacer. Pero asociar todo eso a un género concreto me parece un error de dos direcciones: por un lado, sugiere que los hombres no pueden o no deben tatuarse así; por otro, sugiere que las mujeres solo pueden o solo deben tatuarse así. Y ambas cosas son falsas.
Lo que la gente quiere decir vs. lo que está diciendo
Cuando alguien me pregunta si hago tatuajes femeninos, lo que suele querer decir es: «¿haces tatuajes finos, delicados, con detalle, quizá con flores, que queden elegantes y no agresivos?». Y la respuesta es sí. Pero prefiero que lo digan así, porque eso describe el estilo, no al cliente. Y el estilo no tiene género.
En mi estudio de Atarfe he tatuado a hombres que querían una flor diminuta en el cuello o una letra finísima en la muñeca. He tatuado a mujeres que querían blackwork denso, letras góticas y composiciones con mucho peso visual. He tatuado a personas que no se identifican con ningún género binario y que simplemente querían un diseño que les hablara. Y en todos los casos, mi trabajo ha sido el mismo: escuchar lo que esa persona quería, entender por qué lo quería, y traducirlo a una pieza que funcionara en su piel y en su vida.
La etiqueta también encorseta a los hombres
Una consecuencia que pocos ven de la etiqueta «tatuaje femenino» es que refuerza el estereotipo opuesto: el tatuaje «masculino» como el default, como el estándar, como lo que no necesita etiqueta. Los tatuajes grandes, oscuros, con líneas gruesas y motivos agresivos no se llaman «tatuajes masculinos» en los directorios. Se llaman simplemente «tatuajes». Y eso deja a los hombres que quieren algo delicado en una posición incómoda: o se sienten aislados en una categoría que no les incluye, o se arriesgan a que les juzguen por querer un estilo que la sociedad ha etiquetado como no suyo.
He visto hombres que llegan al estudio pidiendo disculpas por querer una flor. O que empiezan la frase con «lo sé, es raro en un tío, pero…». Y me duele un poco cada vez que pasa. No debería ser raro. Es su piel, su historia, su forma de expresarse. El tatuaje debería ser de los pocos espacios donde eso no importa.
Lo que busco en cada diseño: que sea de esa persona, no de su género
En mi proceso de diseño, no hay una pregunta sobre género. Hay preguntas sobre quién eres, qué te mueve, qué historia quieres llevar en la piel, cómo te vistes, qué otras piezas tienes, qué estilo de vida llevas. Un tatuaje que queda bien es el que responde a esas preguntas, no el que encaja en una casilla de género. Una flor diminuta puede ser el tatuaje más agresivo del mundo si es el símbolo de una ruptura violenta. Un blackwork completo puede ser la pieza más tierna si es un homenaje a un hijo. El género del cliente no determina la emoción del diseño.
¿Cómo busco entonces? Si no uso «tatuaje femenino», ¿qué busco?
Si lo que te atrae es el estilo que mucha gente llama «femenino», busca mejor por lo que realmente quieres: fine line, línea fina, tatuaje delicado, tatuaje minimalista, tatuaje botánico, micro realismo. Esos términos describen la técnica y la estética, y te llevarán a estudios que realmente dominan lo que buscas, sin importar si el artista es hombre o mujer o si su propia estética personal encaja en una etiqueta comercial.
En Anana Tattoo, el estudio es de todas las personas
Mi estudio en Atarfe es un espacio pequeño, tranquilo, donde la conversación previa es tan importante como la sesión. No importa cómo te identifiques, cómo te vistas o qué estilo de vida lleves. Si lo que buscas es un tatuaje pensado, con línea fina, con detalle, con cuidado real por cómo va a envejecer y por qué significa para ti, estás en el lugar correcto. Y si lo que buscas es algo con mucho peso, con líneas gruesas o con color intenso, también. Solo hace falta que me cuentes qué necesitas, y yo me encargo de que el diseño sea tuyo. Solo tuyo.

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